TENSIONES PERMANENTES
DEL SISTEMA CAPITALISTA:
GOBERNABILIDAD, DESARROLLO Y EQUIDAD*

 

Oscar Oszlak**

 

 

En un trabajo publicado hace unos años, [1] sosteníamos que en un plano agregado y abstracto, las cuestiones centrales que los Estados deben resolver pueden resumirse en términos de los desafíos que implica conciliar la gobernabilidad democrática, el desarrollo económico y la equidad distributiva. Estas variables no sólo dan contenido esencial a la agenda estatal sino, a su vez, mantienen mutuas y complejas relaciones de determinación. Considerábamos asimismo que aunque las cuestiones que un Estado resuelve desaparecen de su agenda, esas tres se mantienen por constituir tensiones permanentes de un modo de organización social -el capitalismo-, cuya reproducción y características dependen centralmente del modo y el grado en que los países resuelven sus inherentes contradicciones.

Algunos autores, como Michel Albert y Lester Thurow propusieron distinguir entre variantes de capitalismo (v.g. “renano” o “neoamericano”; “comunitario” o “individualista”) mientras varios politólogos como Guillermo O´Donnell y José Nun debatieron acerca de las posibilidades de que en el marco de una sociedad capitalista, convivan el subdesarrollo y la democracia, la inequidad y la gobernabilidad o el desarrollo y la injusticia distributiva. En nuestra posición, señalábamos que para reducir las tensiones entre desarrollo, gobernabilidad y equidad y posibilitar la vigencia de un capitalismo social y democrático, es preciso que junto con los equilibrios macroeconómicos que contribuyen al establecimiento de un determinado patrón de desarrollo, también se logren equilibrios en los planos de la gobernabilidad y la equidad. La creciente disponibilidad de indicadores, que permiten estimar y comparar los valores que estas variables presentan en diferentes contextos nacionales, nos ha permitido vincular los fenómenos de pobreza y desigualdad, con particular énfasis en América Latina.[2] En este documento, completaremos el análisis con la inclusión de la tercera de las variables: la gobernabilidad. El propósito del trabajo será, entonces, tratar de establecer un ranking de países según sus respectivos indicadores en materia de desarrollo, equidad y gobernabilidad, ubicándolos además en “mapas” y matrices que reflejan su situación relativa al vincular las variables de a pares.[3] 

 

 

LA ESTIMACION DE LA GOBERNABILIDAD

 

A los efectos de medir la variable “gobernabilidad”, hemos utilizado un conjunto de indicadores propuestos por el Banco Mundial, que incluyen: [4]

Cada país tiene asignado un valor para cada uno de estos indicadores, los cuales son medidos en un mismo rango (-2,5 a 2,5). A fin de obtener un indicador único de gobernabilidad, optamos por realizar un promedio simple de esos valores para cada país, sin ponderar los indicadores y trasladando la escala a valores positivos. A continuación presentamos los datos de los países estableciendo la ubicación relativa de los mismos de mayor a menor grado de gobernabilidad. Este procedimiento es consistente con el utilizado en las estimaciones de las otras dos variables, “desarrollo”, donde se utilizó exclusivamente el ingreso per cápita, y “equidad”, donde el criterio utilizado fue comparar el grado de desigualdad existente entre el quintil más rico y el más pobre [5]. En el Cuadro Nº 1 puede observarse la ubicación de cada país dentro del ranking de gobernabilidad. [6] Se comprueba así que los países del “capitalismo renano” encabezan la lista, con Finlandia a la cabeza, seguida por Suiza, Holanda, Dinamarca, Suecia y Noruega. Todos estos países obtienen valores índices superiores a 3,10 (frente a 1,30 como promedio mundial). Por su parte, Estados Unidos, el país que representa más fielmente los principios del “capitalismo neoamericano”, se ubica en el 14° lugar del ránking, con un índice de gobernabilidad de 2,79 puntos [7]. Por su parte, los países con más bajo índice de gobernabilidad (con valores menores a 0,25 puntos) son, en orden decreciente, Tayikistán, Nigeria, Uzbekistán, Turkmenistán, Zimbabwe y Burundi, con cero puntos, reuniendo una curiosa combinación de países africanos y de la ex Unión Soviética. En América Latina y el Caribe, no sorprendentemente, Chile (2,68), Costa Rica (2,21) y Uruguay (2,10) encabezan el ranking de países más gobernables, seguidos por Trinidad y Tobago (1,73). En los escalones inferiores de la región, se encuentran Argentina (0,82), Ecuador (0,74), Colombia (0,73), Venezuela (0,52) y Paraguay (0,39). Como región, con 1,27 puntos, América Latina y el Caribe se ubica apenas por debajo del promedio mundial, superando únicamente la media de Asia (1,10) y Africa (0,77 puntos). En términos regionales, América del Norte obtiene el valor promedio más elevado (2,81), seguido por Oceanía (2,59). En cuanto a Europa (2,00), cabe señalar que su puntaje promedio más bajo se debe al hecho de incluir países muy heterogéneos en términos de gobernabilidad, como Rusia (0,85 y Ucrania (0,80).

 

 

Cuadro 1

 

ESTIMACION DE GOBERNABILIDAD, DESARROLLO Y EQUIDAD

 

Si el análisis se centra ahora en las tres variables (gobernabilidad, desarrollo y equidad), cuya relación y valores relativos indican, según se argumentara, el grado de tensión del capitalismo vigente en cada país, los resultados se modifican drásticamente. En este caso, como ocurriera con el índice P-D (pobreza-desigualdad) examinado en el trabajo publicado en el Boletín Nº 5, América Latina y el Caribe vuelve a ser la región peor ubicada, al mostrar en promedio la peor combinación de pobreza, ingobernabilidad y desigualdad. En efecto, si se considera el orden numérico que ocupan los países y regiones dentro del universo de 112 naciones computadas (ver anexo 2), el promedio mundial se ubica entre los puestos 35 y 36, en tanto que América Latina y el Caribe lo hace entre el 92 y el 93 (por debajo de África, ubicado entre los puestos 77 y 78. Huelga destacar que es América Latina y no el Caribe, la subregión que más contribuye a lograr tan poco honrosa ubicación. En lo que respecta a los países y regiones mejor ubicados, se advierte una alta correlación entre los valores obtenidos y los que fueran comentados con relación a los índices de gobernabilidad.

La representación gráfica de los valores que adquieren estas variables en cada país o región requeriría el auxilio de un cubo (imaginemos para mejor ilustración una pecera cúbica), donde cada una de sus dimensiones representaría, respectivamente, gobernabilidad, desarrollo y equidad. Los países (y regiones) se distribuirían, dentro del cubo-pecera, de acuerdo a los valores que tomen en cada una de las tres variables. Al congelar la imagen, veríamos “países-peces” y “regiones-cardúmenes” distribuidos en diversos lugares de la pecera.

Como es difícil interpretar un cubo con tantos datos, nos resignaremos a mostrarlos mediante dos gráficos[8] de dos dimensiones cada uno, en los que sucesivamente comparamos las tres variables de a pares. Ello nos permite apreciar, además, en qué medida se confirman empíricamente, mediante los datos disponibles, las proposiciones teóricas habituales en la literatura, que tratan separadamente los pares “desarrollo-equidad”, “desarrollo-gobernabilidad” y “gobernabilidad-equidad”, pares que serán tratados en presente trabajo. En el trabajo de Jorge Hintze ya ha sido tratado el primero de estos pares, en el presente completaremos el análisis con los otros dos.

Para ello, consideraremos el “mapa” que vincula las variables desarrollo y gobernabilidad y el que lo hace con las variables distribución y gobernabilidad. En ambos casos, los mapas muestran un “degradé” de colores que, a medida que se progresa en cada escala, van mutando del rojo al verde. Asimismo, es posible dividir cada mapa en cuadrantes (superior derecho o izquierdo, inferior derecho o izquierdo), que contemplan situaciones con diferentes tipos de combinaciones entre las variables comparadas.

México (1,53 ; 6,1) Trinidad y Tobago (1,73 ; 6,8) Uruguay (2,10 ; 5,5) Costa Rica (2,21 ; 4) Chile (2,68 ; 4,3) Venezuela (0,52 ; 5,0) Argentina (0,82 ; 7,2) Brasil (1,42 ; 2,9) Jamaica (1,37 ; 3) Dominicana (1,22 ; 2,5) Ecuador (0,74 ; 9,2) Panamá (1,56 ; 3,4) Colombia (0,73 ; 1,9) Honduras (0,9 ; 1) Bolivia (1,02 ; 12,3) Guatemala (0,87 ; 1,8) Guyana (1,15 ; 7,4) Perú (1,17 ; 2) El Salvador (1,22 ; 2,2) Paraguay (0,39 ; 1,3)

En el Gráfico Nº 1, donde se ubican los países según su nivel de desarrollo (v.g. PBI per cápita) y gobernabilidad (v.g. promedio de seis indicadores), se observa una fuerte concentración de países muy pobres, con mínima o mediana gobernabilidad. África aparece en la peor de ambas situaciones; América Latina y el Caribe muestra un mayor ingreso per cápita aunque con gobernabilidad reducida; y Asia se sitúa por debajo de esta última tanto en ingreso como en gobernabilidad. El promedio mundial se encuentra en el mismo cuadrante (el de los casos peor situados), en una ubicación cercana a América Latina y el Caribe. Observamos también que Oceanía (con mayor ingreso relativo respecto a las tres regiones recién mencionadas y al promedio mundial) y Europa (en conjunto, más pobre y menos gobernable) se ubican en el inferior derecho, donde se encuentran los países y regiones que muestran una situación intermedia entre los más ricos y gobernables (cuadrante superior derecho) y los más pobres e ingobernables (cuadrante inferior izquierdo). Claro está que en el caso europeo, de considerar únicamente los países del “capitalismo renano”, esta subregión sería la mejor ubicada del mundo. En cambio, esa ubicación le corresponde a América del Norte, la que no obstante ostenta un valor menor de gobernabilidad y riqueza que el de dichos países “renanos”. La situación relativa de cada país puede apreciarse en el anexo 2, así como en el Gráfico Nº 1.[9]

Al margen de estas observaciones puntuales, una somera mirada al gráfico ofrece una conclusión de gran interés teórico: el cuadrante superior izquierdo se halla vacío. Esto significa que no se registra ningún caso de países con un grado de desarrollo o de riqueza superior al valor medio de la escala, que al mismo tiempo muestren un bajo grado de gobernabilidad, lo cual refuerza la presunción de que, ceteris paribus, a mayor desarrollo - mayor gobernabilidad (y viceversa). La riqueza (como medida de desarrollo relativo) y la gobernabilidad podrían ser, entonces, variables mutuamente determinantes.

Paraguay (0,39 ; 31,9) Brasil (1,42 ; 29,1) Honduras (0,90 ; 27) Colombia (0,73 ; 20,3) Venezuela (0,52 ; 17,7) Guatemala (0,87 ; 15,9) El Salvador (1,22 ; 17,1) Argentina (0,82 ; 13,7) México (1,53 ; 16,4) Panamá (1,56 ; 14,7) Bolivia (1,02 ; 12,3) Perú (1,17 ; 11,6) Ecuador (0,74 ; 9,2) Dominicana (1,22 ; 10,5) Guyana (1,15 ; 7,4) Jamaica (1,37 ; 6,9) Trinidad y Tobago (1,73 ; 8,3) Uruguay (2,10 ; 8,9) Costa Rica (2,21 ; 11,6) Chile (2,68 ; 18,5)

No es este el caso de la vinculación entre gobernabilidad e igualdad distributiva (ver Gráfico Nº 2). Aquí, no aparece una relación significativa entre estas dos variables, adviertiendose una fuerte concentración de los países en las zonas del gráfico con níveles de igualdad más elevados, pero a su vez, los mismos recorren de manera más o menos pareja el rango de gobernabilidad en que se distribuyen los diversos puntos de la escala. Dicho de otro modo, la equidad distributiva no parece afectar el hecho de que los países sean más o menos gobernables, aunque en general, los países tienen bajos niveles de desigualdad, tal como se puede observar en los gráficos y se viera en el trabajo del Boletín TOP Nº 5.

En términos regionales, Europa, América del Norte y Oceanía se ubican en el cuadrante superior derecho, el más privilegiado; África, Asia y el promedio mundial, se ubican en el cuadrante superior izquierdo; y América Latina y el Caribe quedan en el límite entre los cuadrantes superior e inferior izquierdos, en la peor ubicación relativa. Como en el caso del Gráfico Nº 1, también aquí puede observarse que uno de los cuadrantes (el inferior derecho) se halla prácticamente vacío, lo que indicaría que la alta gobernabilidad es sólo compatible con grados relativamente bajos de desigualdad. Además del caso casi marginal de Sudáfrica, sólo Chile, con una mala distribución del ingreso pero una alta gobernabilidad, parecen constituir la excepción que confirma la regla.

No tenemos espacio para extendernos en este análisis, que los lectores podrán hacer mediante lecturas y comparaciones más detenidas. No obstante, sugerimos reconsiderar nuestra proposición teórica inicial a la luz de los datos presentados, los análisis realizados y nuestra metáfora, planteándonos la siguiente reflexión.

Es una ley de la naturaleza que los peces grandes se coman a los peces chicos. Afortunadamente, ello no ocurre literalmente con los países-peces, aunque si mantenemos un lenguaje metafórico, es evidente que la relación de fuerzas implícita en el orden internacional vigente no es ajena al hecho de que haya países-peces que habitan el privilegiado “sub-cubo” superior derecho de nuestra imaginaria pecera y una inmensa mayoría que lo hace en los restantes “sub-cubos” menos favorecidos. Si los peces y cardúmenes fueran países y regiones reales, resultaría evidente que la gran mayoría no consigue acceder a ese espacio, donde se ha logrado poner en vigencia formas de capitalismo social y democrático comparativamente más plenas, donde desarrollo (capitalista), gobernabilidad (democrática) y equidad (distributiva o social) conviven con grados tolerables de tensión. Al margen de los esfuerzos propios que puedan desplegar los países por lograr mayores equilibrios macroeconómicos (pero también macrosociales y macropolíticos), no hay duda que en el plano internacional, el esfuerzo requerido para acceder a ese anhelado “primer mundo” subacuático es considerablemente más intenso y desigual. En esa lucha, que desafía la ley de la selva (o de los mares), ¿será necesario (y posible) que los países-peces unan fuerzas, formen cardúmenes más sólidos y, sin convertirse en peligrosos escualos, consigan actuar más eficazmente para acercarse, e incluso ingresar, a un nuevo mundo anfibio, donde el plancton abunde, todos coman y reine la armonía? 



ANEXO 1: DATOS DE GOBERNABILIDAD







ANEXO 2: DATOS DE DESARROLLO, EQUIDAD Y GOBERNABILIDAD



 

 

* La presente nota ha sido elaborada en el marco de un estudio que TOP está desarrollando acerca de las relaciones entre gobernabilidad, desarrollo y equidad.

** Director académico de Top. Investigador Superior del CONICET.

[1] Estado y Sociedad: ¿Nuevas Reglas de Juego? (puede bajarse desde la Biblioteca Virtual de TOP en la página www.top.org.ar/publicac.htm)

[2] Véase Jorge Hintze, América Latina, la Región del Mundo con Peor Relación Pobreza-Desigualdad, publicado en el Boletín TOP Nº 5, que puede consultarse en esa misma página web. El análisis de la relación desarrollo-equidad, no se repetirá en este trabajo por haber sido realizado en el citado.

[3] Las regiones consideradas coinciden, en algunos casos, con los continentes (África, Asia, Europa y Oceanía) y marcan el valor promedio de los países, de cada uno esos continentes, para los cuales se disponía de datos de las tres variables. En el caso de Norteamérica, se considera únicamente a Estados Unidos y Canadá puesto que México es analizado dentro de la región América Latina y el Caribe.

[4] Nos tomaría un espacio excesivo ofrecer detalles sobre la forma en que el Banco Mundial ha definido y elaborado estos indicadores. Nos remitimos, al respecto, a la fuente original, ver www.worldbank.org/wbi/governance/govdata2002/

[5] Cabe señalar, al respecto, que a los efectos de construir promedios regionales, todas las variables analizadas (gobernabilidad, desarrollo y equidad) han sido ponderadas por el tamaño de las poblaciones que corresponden a cada región.

[6] Aunque se dispone de los datos, no se han considerado dentro del total de países ni a Luxemburgo ni a Sierra Leona, cuyos ingresos per cápita e índice de distribución, por hallarse respectivamente muy por encima y por debajo de los valores correspondientes a los que encabezan y cierran la tabla, hubieran distorsionado severamente la escala de medición. Si bien no ocurre lo propio con el índice de gobernabilidad, se los ha excluido igualmente porque al realizar más abajo un análisis conjunto con las otras dos variables (desarrollo medido por ingreso per cápita y equidad, medida por comparación de quintiles), la distorsión se mantiene.

[7] Aunque cabe aclarar, que otros países con principios “capitalistas neoamericanos” se encuentran por encima de Estados Unidos en este ranking de gobernabilidad. Australia, es el pais que mejor se ubica (7° posición), seguido por el Reino Unido (9° posición).

[8] El tercer gráfico fue presentado en el trabajo de Jorge Hintze antes mencionado.

[9] Cuando la lectura de este trabajo se efectúa desde el Boletín TOP on line, al colocar y oprimir una vez el botón izquierdo del cursor sobre cada punto del gráfico, aparecerá indicado el nombre del correspondiente país.